miércoles, junio 21, 2006

Unos pantalones rosaceos, y una camisa blanca. Ahora tocaba sopesar como actuaría yo. Desde la puerta pensando como actuaría para hacerlo más real. Taparse la cara resultaba importante, no debería reconocerme para no enfriar la situación. Me quite la camiseta y me la até alrededor de la cabeza dejando únicamente despejados mis ojos. Ahora estaba a pecho descubierto pero con la cara tapada. Carmen seguía trabajando, y hasta parecía ensimismada en su labor, pero sabía que en el fondo era consciente de lo que se la avecinaba. En estas escuché que se acercaba hacia la salida de la oficina, cogiendo dirección a los baños. Me oculte sigilosamente en una oficina vacía anexa, oculto gracias a la oscuridad y la observé pasar delante mio sin que me viese. Cuando escuché que cerro la puerta del lavabo salí de la oficina y me deslicé en la suya. Trás la puerta tendría en mis manos la posibilidad de atrancar la puerta cuando pasase y de pillarla de espaldas por sorpresa. Se me había olvidado coger algún elemeno amenazante, y casi rompo el encanto cuando al acercarme a la mesa a por su abrecartas escuché que ella abría la puerta del baño. Me oculté rápidamente trás la puerta y desde ella la ví pasar y sentarse nuevamente en su mesa. No me avalanze porque creí más morboso observar y preveer lo que haría. Diez minutos o así pasé tras la puerta sin que ella me notase, hasta que en un momento dado ella se levanto para introducir unos documentos en el archivador. Cerré la puerta con el pasador y para cuando ella notó algo yo ya me estaba avalanzando sobre ella con el abrecartas empuñado. Gritó e intento escaparse, pero rapidamente la giré sobre si misma y la puse de espaldas a mí. Ella amenazaba con gritar, asique le acerque el abrecartas a la garganta y le dije que no dudaría en usarlo. Ahora ella estaba más quieta, cosa que aproveché para deslizar mi mano libre por su cuerpo vestido. Sin pudor ni vergüenza, la apretaba a mi y la manoseaba rudamente, notando sus pezonazos sobre la ropa, retorciendoselos, y bajando mi mano a sus pantalones, dejando que se deslizase hasta su sexo. Al pasarla el dedo por sus labios vaginales la noté extremadamente humeda. "Eres un puta" le dije, "estas pidiendo que te follen a gritos y es lo que te voy a hacer". Ella repetia un tímido no, no, pero la notaba excitada por momentos. Le aleje el abrecartas del cuello, más temeroso yo que ella, y en cuanto lo deposité en la balda ella hizo ademan de escaparse. No la dejé, y agarrandola del sexo y posteriormente del cuello de la camisa logré que no se zafase. Saque mi mano de su humedal, y girandola hacia mi la abrí la camisa de un tirón. Sujetandola de los jirones de está aproveche para arrimarme aún más a su cuerpo y de un manotazo sacarla los senos del sujetador. Sus impresionantes pezones quedaban mirando hacía mí, mientras su ropa hecha jirones y su aspecto destartalado junto con su pelo revuelto y su cara descompuesta en apariencia me producían un morbo enorme, y su consecuente erección. Aferrandome a sus brazos la traje hacia mi, y de uno de los jorones de su camisa saqué una tira con la que atrapar sus manos.La giré y usando la camiseta de mi cabeza se la puse en los ojos para impedirla ver. Volví a coger el abrecartas y, emulando la pelicula del tuno negro, se lo pasé por los pezones desde atras, mientas apretaba mi cuerpo contra su culo. El contacto con el frio se los erizaba aún más, momento que aproveché yo para deshacerme de los pantalones.
"Agachate" le dije. "Ahora me vas a chupar la polla y espero que lo hagas bien o de lo contrario acabare contigo aquí mismo". Se agacho de rodillas, y haciendo ascos de primeras se arrimo a mi miembro erecto para introducirselo en la boca. Era tal la erección que tenía que hasta yo, en un exceso de celo, aferraba su cabeza contra mí provocandola que se atragantase. Apenas unos minutos despues tenía mi miembro completamente humedecido por su boca, avida en tal medida que hasta me lamió en los testiculos. Cogiendola de las axilas la izé de golpe para, tirandola hacia atras, despejar su mesa de oficina de elementos y tumbarla en ella. Agarre su pantalon y despojandola del cinturon y los botones me dispuse a quitarla los pantalones. Ella no se dejaba y se aprestaba a golpearme con sus piernas, apretandolas entre sí para que el pantalon no cediese a salir. Fue inutil, y en unos pocos segundos ya la había despojado del pantalon y la tenía ante mi con un tanguita rosaceo tambien, más fino si cabe que el anterior que me entregó. No reparé en miramientos, y de un tirón certero se lo arranque rompiendo una de sus tiras laterales de hilo. Gritaba cada ves más, asique hizé una pelotita con uno de los jirones más pequeños de la camisa rota, y se la introduje en la boca. Ahora cada intento de grito era poco más que un gemido. Con sus piernas izadas sobre mi hombro derecho, Carmen no dejaba de patalear, aunque tuvo que cesar de hacerlo cuando en un movimiento más brusco de lo esperado la giré sobre la mesa y sobre sí misma, dejando caer sus piernas al suelo. Me aparté cuando caían y al querese levantar las separó, momento que yo aproveché para, viniendo tras ella posar mi mano sobre su sexo dejandomelo a la expectativa. Se intentó cerrar de golpe pero ya fue tarde. La penetré desde atras sin cuidar en lo más mínimo mi impetu. Carmen gimio con fuerza, mientras mi mano derecha posada sobre su pubis la masturbaba girando suavemente, me miembro la penetraba todo lo que podía su aún estrecho aunque humedo sexo. Mi mano izquierda se aferro contra sus pezones, atrapandolos sin compasión, retorciendolos en pellizcos salvajes. A cada movimiento de mis manos, de mi pelvis, de mis labios sobre su cuello, ella exhalaba un gemido a ratos grito ahogado. Cuando porfin consegui introducir entero mi miembro sus gemidos erán ya tan notorios que empezé a dudar de la fiabilidad de la bola de tela en su boca. La penetraba y penetraba con firmeza y ritmo, con avidez, con desenfreno. Sus espasmos me demostraron a los pocos minutos que estaba alcanzando un orgasmo que me corroboró con sus gritos ahogados. En ese momento yo aproveché para dejar sus pezones y comenzar a masturbar su ano.Con ambas manos, y mientras una abría con firmeza su ojete, mi dedo indice derecho se dedicó a rozarlo por el exterior, mientras mi pene aún dentro de ella latía con fuerza por momentos. Atrapé el bote de vaselina del pantalón, y echando un buen chorro me dedique a introducirla un dedo firmemente mientras ella giraba la cabeza en sentido reprobatorio. Sus gestos me decían que no, pero su gemido cuando se introdujo mi dedo me hizo pensar que no era la primera vez que se masturbaba el ano, y que erá lo que más deseaba en fin. Así procedí a sacar mi pene de su ya maltrecho sexo, y aprovechando la humedad que lo recubría por completo Saborearlo con mi lengua para pasar despues la misma por su ano. Carmen se estremeció, y ese simple gesto y le terrible excitación que ya me cubría casí bastan para conseguir que me corra en ese mismo momento. La introduzco dos dedos juntos, girandolos sobre el exterior de su cada vez más abierto ano, mientras los gemidos y grititos se intercalan con cada movimiento milimétrico. Posando la cabeza de mi sexo sobre su ano procedo a rociar ambos con un chorro más de vaselina y a introducirme. Los puños de Carmen se cierran, su cara cambia el gesto por el del dolor. Salgo un poco, y trayendo más sus caderas hacia mí consigo que su ano me quede más enfrentado. Procedo a repetirlo mientras Carmen Grita un aaah profundo. A los pocos segundos estoy tan excitado que no reparo en sus gemidos y gritos. acabo atravesandola entera por el ano, subiendome con ella a la mesa sin soltarme, y levantandola sobre mí para marcarla el ritmo. Nuestros gemidos, inclusive el de una Carmen que ya tiró el trapo de su boca, pueden haber sido escuchados desde el edificio de enfrente. Termino por correrme en el interior de Carmen, cuyo culo se aprieta ahora contra mí, notando mis convulsiones. La suelto la camiseta y la atadura de las manos y me mira y abraza tirados sobre la mesa de su despacho. Cuando salgo de ella, mi esperma resbala de su ano derramandose sobre la mesa. "Gracias por el mejor polvo de mi vida" me dice Carmen, mientras que con una mano me calma el sexo y con la otra palpa el semen saliendo de su ano. "Esto no lo ovidaré nunca". Ni yo tampoco, le respondo, y a fé mia que no lo haré.
Hoy he vuelto a estar en compañia de Carmen, y viendo su oficina no he podido dejar de recapitular como fue. Incluso creo que la oficina aún huele a sexo. Y ese olor me gusta.

5 Comments:

Blogger Rita Peich said...

Pues mira, es un texto de un contenido erótico interesante, con no es que comparta, pero bueno.

Lo que no cabe en mi cabeza es a como alguien, sobre todo siendo mujer, se le pasa por la cabeza querer simular una violación!

Yo gracias a Dios no me he visto nunca en una situación remotamente similar ... y que no me vea, por favor ... creo que, en mi modesta opinión, es de una mente enferma querer pasar por ello. Ya veras como cambiaba de opinión si le hubiera pasado de verdad ... y si no que le pregunten a alguna de las mujeres que cada dia tienen que pasar por ese trauma.

Las mujeres que han pasado por algo así sufren a menudos transtornos psicológicos y sexuales de por vida, por lo que espero que ninguna tenga ganas de leerlo, porque de lo contrario creo q cualquier de ellas se sentiría más que ofendida ... y no les faltaría razón.

Una cosa es soltar adrenalina y las fantasías... pero creo que hay cosas con las que no se debe jugar.

En fin, siento haberme puesto tan seria, probablemente no te esperabas un comentario así ... pero es mi opinión sincera, y sabes que entre tú y yo prima la sinceridad

Venga, la próxima me cuentas algo más mundano y más gracioso para compensar, vale?

Un beso!

12:28 p. m.  
Blogger ninguno said...

En un relato erótico todo vale y esa es una fantasía más como cualquier otra. Acotar esas opciones es encerrar el sexo en un quirófano aséptico. Rita...relájate y disfruta.

1:27 p. m.  
Blogger Salvaje27 said...

Yo solamente transcribo lo que me sucede Rita, sin enjuiciar a quien me lo pide. Tu opinión me es más que respetable y lo sabes, pero es que cuando una pareja se pone a hacer algo de esto de mutuo acuerdo, no deja de ser un juego erotico. Es completamente distinto a una violacion real, y es como culpar a un niño por jugar a ser soldado en la guerra. Y es que en mi opinión, en ciertos temas somos como niños (al menos yo).
Ninguno, espero y deseo que a tí si te haya gustado, en vista que entendiste la naturaleza de la historia. De cualquier modo me alegra mucho contar con las opiniones de ambos. Gracias.

2:30 p. m.  
Blogger Rita Peich said...

Sabes que sí entiendo que se trata de una fantasía pero no puedo evitar pensar que hay gente que confunde el morbo sexual con el morbo enfermizo.

Comprendo la comparación con los niños que juegan a ser soldados y reconozco el paralelismo, pero hasta en este caso se puede vislumbrar una causa (que cada uno ha de juzgar si es apropiada o no). Se supone que una guerra es una medida desesperada para conseguir algo "bueno": la llegada de la paz, la liberación de una invasión o incluso apoderarse de un montón de pozos petrolíferos ... pero en el caso de una violación ... no le puedo ver el lado positivo, lo siento ...

De verdad que entiendo vuestra postura, pero no puedo compartirla, y menos aún sabiendo que la propuesta viene de una mujer

No lo veo como una acotación de una fantasía sexual, sino más bien como una intromisión en el respeto a la persona. Insisto: no me veo directamente afetada, pero ...

Sé que valoras mi opinión aunque a veces no estés de acuerdo con ella ... pero por eso somos amiguetes y te leo :-)

Besitos!

4:51 p. m.  
Blogger Rita Peich said...

Tio escribe ya algo, que me tienes a dieta!!! y creo que me estoy viciando contigo :D

10:44 p. m.  

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