jueves, mayo 11, 2006

Bueno, como es la primera noche que os cuento, creo que lo conveniente será comenzar a contaros porqué acabe metido en esto. Todo se lo debo a una pareja muy especial con la que descubrí el mundo del sexo y lo intensísimo que puede ser vivirlo casi al máximo. Me explico. Antes de conocer a esta mujer, yo ya había tenido mis relaciones sexuales con otras chicas y con alguna habían sido realmente satisfactorias. Pero me faltaba algo. Note que podía pasarme follando mucho tiempo, pero que eso no a todas les gustaba. Cuando les preguntaba como podría mejorar siempre me respondían con un " para que, si ya está bien". Resultado, todo se reducía a sexo oral soso por mi parte y a la penetración como final. Hasta que la conocía ella. Fue en un viaje. Coincidimos ya desde el inicio y no dejamos de conocernos en todo el viaje. Ella era una mujer mayor que yo ( yo entonces tenia 23 años) de unos 33. Rubia, de pelo largo y ondulado, con un físico bonito, aunque algo descuidado para lo que yo conocía de otras chicas. Sin embargo esta era especial. Una noche del viaje en el que coincidimos acabamos bailando y besándonos. Nuestras manos se perdían por nuestros cuerpos y yo iba notando en ella la sensualidad de unas curvas que no imaginaba tan turgentes. Nos dirigimos a la habitación del hotel dispuestos a darnos un festín y vaya si lo hicimos. Recuerdo como sus labios desnudaban mi cintura con una sensualidad como no había conocido antes. Recuerdo como me manoseo por encima del bóxer antes de llevarme a su boca. Recuerdo como se desnudo ante mí y me dio de comer. Hasta aquí todo parecía bastante bueno, pero normal. Aquí cambio todo. Fue cuando ella me dijo: "prueba a besarme el clítoris, como si quisieras agarrarlo con los labios, y deja caer tu lengua". Yo me quede estupefacto. Me di cuenta entonces que esta mujer no era como las otras a las que les valía según ellas cualquier cosa. Esta sabía lo que quería y era mi oportunidad de aprender a hacerlo bien. Fui haciéndolo como ella me señalaba. Pequeños círculos con la lengua y succionar el clítoris suavemente con mis labios. Los soltaba entonces y dejaba caer mi lengua por entre los suyos. Un estremecimiento la recorría entonces. No os digo más, solo que estuve cenando durante muchísimo tiempo, aunque a mi se me paso volado, y que esa noche hice el amor tan salvajemente y tan satisfactoriamente como no lo había hecho nunca. Esa noche toque el cielo.

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